La regla de las cinco horas para aprender


En este artículo de Inc., “Why Constant Learners All Embrace the 5-Hour Rule” (¿Por qué los aprendices constantes adoptan la regla de las 5 horas?), Simmons dice que Benjamín Franklin dedicaba una hora al día para aprender, y aunque este “tiempo libre” aparentemente lo retrasaba en el trabajo inmediato por hacer, a la larga se convirtió en su mejor inversión.

Y si piensas que estás muy ocupado y no tienes tiempo para aprender, considera que Franklin, además de jugar con las cometas, fue fundador de los Estados Unidos de América, erudito, autor, impresor, político, teórico político, masón, jefe de correos, científico, inventor, humorista, activista cívico, estadista y diplomático.

¿En qué consiste la regla de las cinco horas?

El concepto es en realidad muy sencillo: dedicar una hora al día para aprender, que contempla:

  • leer,
  • reflexionar,
  • experimentar.

 Ahora bien, seguro me reclamarás que gracias a los babilonios que vivían en Mesopotamia y que partieron en cuatro el ciclo de la luna y asignaron el nombre de los siete astros clásicos a los días, la semana cuenta con siete días, y que si recordamos la difícil tabla del uno, siete por uno es igual a siete, por lo que debería ser la regla de las siete horas y no la de las cinco.

A lo que responderé que se asumen cinco días laborables y dos días de solaz esparcimiento, en los que ni las gallinas ponen. Cabe aclarar, por supuesto, que los horarios personales pueden variar y habrá quienes trabajen cinco días, los siete, o ninguno.  

Práctica deliberada

Un aspecto muy importante en todo proceso de aprendizaje, es el de la práctica deliberada o reflexión.

Lo anterior significa que pongas atención a lo que haces, por qué lo haces, qué efecto tiene, o bien, qué es lo que estás entendiendo, qué es lo que no te queda claro, en qué otras áreas puedes aplicar lo que estás aprendiendo o qué cosas te faltan aprender antes para entender lo de ahora.

En otras palabras, no es una práctica sin sentido o un estudiar por estudiar, sino que debes enfocarte en lo que estás haciendo y reflexionar sobre lo que haces.

Mi ex-profesor, ya fallecido, Donald A. Schön, habla en su libro “The Reflective Practitioner: How Professionals Think In Action” (El practicante reflexivo: cómo piensan los profesionales en acción), precisamente sobre cómo las personas que sobresalen en diferentes áreas, como la ingeniería o medicina, por nombrar solo algunas, son aquéllas que reflexionan sobre la práctica, sobre lo que hacen y por qué lo hacen así, más que aplicar de forma autómata lo aprendido en la escuela o porque así se lo enseñaron..

Lleva registros para mejorar tu desempeño

Hagamos una analogía de estudio con la de un deporte que creo no es muy popular en latinoamérica: el futbol. (Futbol en México, fútbol en otros lados).

Ahora imagina que dos personas quieren aprender a tirar penales, algo en lo que es muy buena la Selección Mexicana de Futbol (sarcasmo). La primera, tira 30 penales en una hora de práctica, pues sólo tiene un balón y él o ella misma tiene que ir por la pelota para volver a tirar. Además, toma varios descansos durante el entrenamiento, revisa su celular entre tiros, termina y se va.

La segunda tira 100 penales en una hora. Tiene varios balones por un lado y una persona que le ayuda a recogerlos y colocarlos a su lado de nuevo.

Esta persona, además, divide su entrenamiento en objetivos, como meter diez tiros seguidos en la esquina superior derecha de la portería, o bien, practicar la pegada al balón usando diferentes áreas del pie, como el empeine, o la parte exterior o la interior.

También, se da cuenta de cuando le pega muy abajo al balón, lo vuela. Y entonces corrige el punto de contacto con la pelota hasta que le sale bien.

Al final, anota en una hoja cuántos tiros hizo al arco, cuántos entraron y cuántos falló, además de otras estadísticas y anotaciones sobre su desempeño. Y compara estas cifras contra su entrenamiento anterior.

¿Quién crees que pueda mejorar más después de tres meses de práctica?

Si no puedes medirlo, no puedes mejorarlo.

Peter Drucker

No tengo tiempo para aprender

Aunque es mejor tener un horario y lugar para aprender, recuerda que puedes leer en cualquier lado.   Incluso si vas como sardina en el transporte público, puedes sacar tu libro hecho de árboles muertos y leer o bien, sacar el celular e ir leyendo un libro digital en lugar de chatear.  

Por ejemplo, el escrito japonés  Haruki Murakami, dedicó una hora cada noche, saliendo de su negocio, un café-jazz, para escribir su primera novela, Escucha la canción del viento (風の歌を聴け Kaze no uta o kike), y lo logró en cuatro meses.

Todo está en los libros

Si lees las biografías o entrevistas de grandes personajes, pronto te darás cuenta de que un factor común es que leen mucho.   O dicen leer mucho, como el caso de nuestro ex-presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Fuera de esas anomalías, Bill Gates, fundador de Microsoft, dice leer un libro a la semana. Igual se proclaman lectores ávidos gente como Mark Cuban (Dallas Mavericks), Dan Gilbert (Cleveland Cavaliers), Jack Ma (fundador de Alibaba), Mark Zuckberg (Facebook), Warren Buffet (inversionista), Oprah Winfrey (TV), y la lista continúa.

Muchos estudios correlacionan el hábito de la lectura con una mejor posición socioeconómica.

Por supuesto, cuando veas algo como “Muchos estudios” sin citar una fuente fidedigna, no debes creer en dicha información. Pero, te aseguro que sí es cierto y te dejo de tarea investigar.

Y si todavía crees que leer no sirve de mucho, mencionaré que Elon Musk, fundador y ex-dueño de Paypal, director de Tesla (no fundador), fundador y director de SpaceX, por nombrar algunas de sus empresas, aprendió a diseñar cohetes leyendo y luego fundó SpaceX, cuya misión es colonizar Marte.  

Pero, ¡una hora es mucho!

Si de verdad no puedes dedicar una hora al día para aprender algo nuevo o algo que ayude a mejorar tu desempeño en ciertas áreas de tu interés, recuerda que puedes comenzar con menos: el método Kaizen te dice cómo.


Referencias

Técnicas de Estudio