Cómo atacar el problema de dejar las cosas para después


¿Por qué dejamos las cosas para después?

Todos caemos en la tentación de postergar las cosas para más tarde y sufrimos entonces las consecuencias.

Dolor

Cuando estamos frente a algo que no queremos hacer, se dispara la actividad en las áreas de nuestro cerebro relacionadas con el dolor.

La reacción natural del cerebro es liberarnos de esta aflicción, por lo que busca cambiar nuestro interés hacia otra cosa, más placentera que lo que no queremos hacer.

Sin embargo, no es pretexto: los científicos también han descubierto que en cuanto nos decidimos a trabajar en aquéllo que originalmente no queríamos hacer, en muy poco tiempo desaparece dicha irritación.

Entonces, los pasos que sigue nuestro cerebro al posponer las cosas son:

  1. Ansiedad. Sucede cuando nos enfrentamos a hacer algo que no queremos o que no nos gusta.
  2. Desvío. El cerebro desvía nuestra atención hacia otras actividades más placenteras.
  3. Felicidad temporal. Nos sentimos felices, justificamos y racionalizamos la actividad placentera. Al menos temporalmente, hasta que la actividad que dejamos sin hacer se vuelve urgente o surgen las consecuencias.

La importancia de estar consciente de los juegos que nos juega nuestro cerebro, es que puedes darte cuenta del engaño y actuar.

Recordemos también que el aprendizaje es mejor realizarlo poco a poco, en lugar de atestar todo el material en una sola sesión el día anterior al examen.

Hemos visto el uso de las técnicas de estudio como el Pomodoro y el repaso espaciado.

La falta de fuerza de la fuerza de voluntad

La disciplina es la habilidad de forzarte a hacer algo que no quieres para lograr los resultados que realmente quieres.

Lo anterior suena sensato, pero no lo es: usar nuestra fuerza de voluntad requiere de muchos recursos neuronales.

Utilizar la fuerza (de voluntad, no la de Obi-Wan Kenobi) debe ser nuestro último recurso en la lucha contra el dejar las cosas para después.

Lo que debemos hacer es cambiar el hábito.

Dejar las cosas para después es un mal hábito: un patrón de la conducta como el tamborilear la mesa con los dedos, morderse las uñas, gastar de más, o chismorrear.

¿18 días, 21 días, 28 días, 66 días, o 254 días para romper un mal hábito y crear uno nuevo?

De forma popular se cree que se necesitan 21 días para romper un mal hábito y crear uno nuevo.

Los 21 días vienen de un libro de 1960, llamado Pyscho-Cybernetics (Psico-cibernética), por el cirugano plástico Maxweel Maltz y en el que reporta que le tomaba a sus pacientes un promedio de 21 días para acostumbrarse a su nuevo rostro tras la cirugía.

La mayoría de los programas de rehabilitación contra las drogas utilizan programas de 28 días, una semana más.

Sin embargo, el estudio How are habits formed: Modelling habit formation in the real world (Cómo se forman los hábitos: El modelado de la formación de hábitos en el mundo real) publicado en el Diario Europeo de Psicología Social, reporta los resultados con 96 personas a las que se les pidió cambiar algún hábito de comida, bebida o actividad y se encontró que en promedio toma 66 días cambiarlo.

Sin embargo, dependiendo del hábito y de la persona, puede tomar entre 18 y 254 días.

Tener un número de días en mente para cambiar un hábito puede ser un arma de dos filos: por un lado, podría funcionar como un aliciente al tener una meta, pero por el otro, podrías llegar a sentirte peor al no lograr romper tu hábito en los días fijados.

Lo mejor tal vez sea enfocarse en el objetivo de cambiar el mal hábito y utilizar los días como un hito o marca que nos ayudarán a mantenernos en curso, pero sin que signifiquen un fracaso total si no lo logramos.

Los cuentos que nos contamos

Al dejar las cosas para después nos contamos historias para racionalizar dicha acción: necesito buscar en internet información sobre este tema (cuando todo está en el libro escolar), y ésa búsqueda se convierte en horas viendo videos de gatos o memes en las redes sociales.

Una estrategia de racionalización muy utilizada es decirnos: Es que soy muy malo en matemáticas y entonces, de forma mágica, cualquier otra materia que toque las matemáticas, aún y sea tan sólo para multiplicar por dos una cifra, ya no la entenderemos. Nos bloqueamos.

Pero las justificaciones supuestamente racionales no paran ahí y se presentan disfrazadas en mil formas, por ejemplo, “si estudio semanas antes de la prueba, voy a olvidar todo para el día del examen”.

Lo importante es hacernos conscientes de estos cuentos que nos contamos y evitar que tomen control de nuestra vida.

El mal hábito de dejar las cosas para más tarde, no sólo afecta nuestros estudios sino que se propaga como una enredadera hacia muchas otras actividades.

¿Cómo construimos un hábito?

Cuando aprendemos a manejar, por ejemplo, estamos muy conscientes de cada movimiento que hacemos con los pedales, la palanca de cambios. Revisamos los espejos, ajustamos el asiento, el respaldo.

Pero una vez que manejar se vuelve cotidiano, que los circuitos neuronales necesarios para llevar a cabo dicha acción ya se establecieron en nuestro cerebro, manejar se convierte en un hábito.

Entramos en un modo automático: lo hacemos sin pensar de forma consciente.

Los cuatro componentes de un hábito

Los hábitos pueden ser buenos o malos (el definir qué es bueno y qué es malo, depende de cada quien y sus circunstancias), pero finalmente lo que hacen es ayudarle a nuestro cerebro a ahorrar energía al ejecutarlos.

  1. La señal.
    1. Esta señal dispara la automaticidad del hábito.
    2. La señal puede presentarse de mil formas: ya van a ser las cinco de la tarde y es hora de mi programa favorito, o el sonido de un mensaje en el celular
  2. La rutina.
    1. La rutina es la respuesta habitual, el comportamiento, que sigue tu cerebro después de recibir la señal.
    2. Si, por ejemplo, la señal es el sonido de un mensaje en el celular, esto puede llevar a la rutina o comportamiento habitual de parar lo que estemos haciendo, tomar el aparto y revisar el mensaje. Y una vez en el celular, se nos antoja ir a ver videos o entrar en alguna red social para revisar lo último sucedido.
  3. La recompensa.
    1. Todo hábito continua siéndolo porque nos entrega una recompensa: un placer inmediato.
  4. La convicción.
    1. Los hábitos tienen poder sobre uno porque creemos en ellos.
    2. Por ejemplo, podemos creer que nunca dejaremos de fumar, o de comer o beber en exceso. Y seguiremos haciéndolo porque creemos que no podemos dejar de hacerlo… ¿notas el círculo vicioso en esta creencia?
    3. Para cambiar un hábito necesitas cambiar la convicción que existe detrás del mismo.

Inspirador por Aprendiendo a Aprender.


Técnicas de Estudio